Pasturas reales, ciclo cerrado
La tierra da,
y nosotros devolvemos.
Un círculo que no se rompe. Las gallinas comen del campo. Caminan sobre él, lo airean, lo despiertan. Y al final del día, cuando vuelven solas a sus recintos, dejan en la tierra algo invaluable: vida.
Sus heces fertilizan naturalmente las parcelas, devolviendo al suelo los nutrientes que tomaron. La pastura se renueva, el suelo respira, y el ciclo empieza otra vez.
No extraemos sin reponer. No producimos sin cuidar. Cada huevo que llega a tu mesa es el resultado de un acuerdo silencioso entre nosotros y la tierra que nos presta su generosidad.